Hay rutas que se disfrutan… y hay rutas que se recuerdan toda la vida. Esta es, sin duda, de las segundas. Nuestro destino es el imponente Pico San Millán, el punto más alto de la provincia de Burgos, situado en plena Sierra de la Demanda. Un entorno natural espectacular donde la montaña, el agua y el bosque se combinan para ofrecer una experiencia única.
El día no puede empezar mejor. Es 23 de abril, el día de Villalar, una fecha muy especial en Castilla y León, y amanece con un tiempo absolutamente espectacular. Cielo despejado, temperaturas suaves y esa sensación de primavera en la que todo invita a salir al campo. Antes de iniciar la ruta, hicimos una parada en Pradoluengo para desayunar un buen pincho de tortilla, de esos que saben aún mejor cuando tienes por delante una jornada de montaña. Desde el primer momento todo hacía indicar que iba a ser una jornada perfecta para la montaña.
Comenzamos la ruta por la vertiente norte, desde Santa Cruz del Valle Urbión. Tras atravesar el pueblo, continuamos por una carretera hasta llegar al área recreativa de Zarcia (1.050 metros), un lugar perfecto para iniciar la jornada. Allí encontramos el Refugio de Zarcia, zonas de picnic y barbacoas, un espacio para disfrutar en familia…


Nada más arrancar, una señal nos ofrece varias opciones para ascender al San Millán: por el desfiladero de Urbión o por las cascadas de Altuzarra. Elegimos esta última para realizar una ruta circular. Una vez en la cima intentaremos descender por el barranco. Tomamos el sendero de la izquierda, acompañados en todo momento por el río Urbión, que discurre a nuestra izquierda mientras pasábamos junto a pequeñas granjas hasta llegar a una pasarela que cruzaba el arroyo Abanza.

Unos metros más adelante, una señal nos desvía hacia la derecha, en dirección a las cascadas. Aquí el terreno cambiaba claramente: la pendiente se hace más exigente y el sendero se vuelve sinuoso, obligándonos a ganar altura más despacio. El esfuerzo tiene su recompensa, ya que pronto alcanzamos una especie de mirador natural desde el que se abre ante nosotros todo el valle de Urbión, una vista que justifica cada paso dado.


A medida que avanzamos, el paisaje evolucionaba. El sendero, que inicialmente atravesaba un pinar, da paso poco a poco a un bosque de hayas donde el frescor y la sombra se hacen notar de forma muy agradable. Tras cruzar una pasarela sobre el arroyo Altuzarra, el camino empieza a desaparecer por momentos, obligándonos a estar atentos a las marcas de piedra y a las estacas que indican la ruta correcta.

La recompensa no tarda en llegar. Alcanzamos la primera de las cascadas de Altuzarra, el Salto Chico, una caída de agua de unos 12 metros que nos obliga a detenernos y disfrutar del entorno. Continuamos avanzando en paralelo al arroyo, atravesándolo en varias ocasiones por donde mejor se puede, ayudándonos de piedras colocadas estratégicamente y utilizando bastones para mantener el equilibrio.









Poco después llega la segunda cascada, el Salto Medio, aún más impresionante, con unos 30 metros de caída. Y tras seguir ascendiendo por el hayedo, alcanzamos la tercera y última, el Salto Doble, una cascada espectacular dividida en dos saltos con una poza intermedia, situada en un pequeño circo rocoso que parecía sacado de otro lugar. El conjunto es sencillamente majestuoso.

Desde ese punto, el paisaje vuelve a cambiar. Dejamos atrás el entorno más húmedo de las cascadas y el pinar comienza a reaparecer, acompañándonos en una ascensión más directa hasta alcanzar el Alto de la Garrula (1.501 metros). Desde aquí, las vistas son realmente impresionantes.




Continuamos hacia la Majada de la Garrula, donde encontramos una pequeña cabaña de pastores, y posteriormente atravesamos otro pinar que nos llevó hasta la Majada de los Carneros, otro testimonio del pasado ganadero de la zona. Estas majadas, utilizadas tradicionalmente como zonas de pastoreo en verano, formaban parte de las rutas de trashumancia de ganaderos que llevaban sus ovejas merinas a estos puertos de montaña.






Tras una ascensión dura y constante, alcanzamos la línea de cumbre, en torno a los 1.956 metros, llegando al Collado de Sierra Llana, con el Pico Trigaza a nuestra derecha.
Desde allí, avanzamos por la cresta, descendiendo primero al Collado Flecho antes de afrontar el tramo final del ascenso, con vistas a la imponente pared conocida como “El Juego de Pelota”.






Finalmente, alcanzamos la cima del Pico San Millán, el techo de la provincia de Burgos con sus 2130 metros sobre el nivel del mar. Desde aquí, las vistas son sencillamente incomparables: la Sierra de Neila, los Picos de Urbión, la Sierra Cebollera, San Lorenzo, la Sierra de la Mencilla… y los valles que separan todas estas montañas.

En la cima, los buzones de montaña, un pequeño parapeto de piedra y algunos recuerdos de montañeros nos invitan a detenernos, descansar y disfrutar del momento.




Y así lo hicimos. Nos sentamos a comer, disfrutando de ese instante único en el que todo encaja. Sin darnos cuenta, estábamos en el mejor restaurante del mundo.

Pero la montaña, a veces, tiene otros planes.
En cuestión de segundos, dos fuertes ráfagas de viento irrumpieron sin previo aviso. Lo más sorprendente es que estábamos resguardados y, hasta ese momento, prácticamente no había viento. Apenas tuvimos tiempo de reaccionar. Las mochilas comenzaron a moverse simultáneamente. Ante nuestra incredulidad, salen despedidas y caen por la pared, desapareciendo por un terraplén cubierto de nieve, completamente inaccesible. Con ellas se van también la documentación y las llaves de casa y del coche.
El silencio fue inmediato. Intentamos reaccionar, buscar soluciones, pero pronto comprendemos que no podremos recuperarlas en ese momento. Toca asumir la situación y pedir ayuda. La falta de cobertura complica las cosas, y la espera hasta que el seguro responde se alarga más de lo esperado.
Finalmente, conseguimos reorganizar la vuelta. Ante la imposibilidad de completar la ruta circular por la nieve, realizamos el camino de regreso por el mismo itinerario de subida. El coche fue trasladado hasta Santo Domingo de la Calzada, mientras que nosotros regresamos en taxi a Valladolid, cansados y aún intentando asimilar lo ocurrido.

Lo que había comenzado como una ruta espectacular se había convertido en una auténtica aventura. Pero la historia no termina aquí…
Porque dos días después, decidimos volver…
(Continuará)