Llegamos a la última ruta de nuestro viaje por los Pirineos. Después de varios días descubriendo valles, bosques, cascadas, refugios y lagos de alta montaña, todavía nos quedaba una nueva jornada desde Espot. Esta vez nos adentramos en el valle de Peguera, uno de los grandes valles de origen glaciar de esta vertiente del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, con el Estany Negre de Peguera como principal objetivo del día.
Salimos caminando desde el propio Espot y enseguida comenzamos a ganar altura. Poco a poco nos introdujimos en el valle siguiendo el curso del río Peguera, primero entre bosques y después por un paisaje cada vez más abierto y claramente modelado por los antiguos glaciares.










Durante la ascensión llama especialmente la atención la presencia de presas, canales y otras infraestructuras hidráulicas en un espacio que hoy asociamos casi exclusivamente con la naturaleza. Su explicación está en la historia hidroeléctrica de esta zona de los Pirineos. El valle de Peguera reúne unas condiciones especialmente favorables para aprovechar la energía del agua: numerosos lagos de origen glaciar situados a diferentes altitudes, abundancia de agua procedente de las precipitaciones y del deshielo y, sobre todo, grandes desniveles en muy poca distancia. A mediados del siglo XX se construyeron presas y conducciones para regular y conectar varios de estos lagos y aprovechar sus aguas en la producción de electricidad. El Estany Negre, el Estany Tort de Peguera, el Estany de la Coveta y el Estany de Lladres quedaron integrados en este sistema, que alimentaba la central hidroeléctrica de Lladres, puesta en funcionamiento en 1953.
Es, por tanto, un paisaje en el que se mezclan dos historias diferentes: la geológica, escrita durante miles de años por el hielo y el agua, y la más reciente intervención humana para producir energía hidroeléctrica. Algunas de las presas son perfectamente visibles durante la ruta. La propia descripción del acceso al refugio permite contemplar la presa del Estany de Lladres y, más arriba, la del Estany Tort de Peguera. Hoy estas construcciones forman parte de un paisaje protegido en el que resulta especialmente interesante observar cómo las actividades humanas del siglo XX han dejado su huella en un territorio de enorme valor natural.
Continuamos ascendiendo hasta alcanzar el Estany de Lladres. A estas alturas el valle se abre y la montaña empieza a mostrar todo su carácter alpino. El bosque va perdiendo protagonismo y aparecen las grandes paredes de granito, los pastos de altura y los lagos que caracterizan esta parte del Pirineo.

Seguimos ganando altura hasta llegar al Refugi Josep Maria Blanc. Su emplazamiento es difícil de superar: se encuentra en pleno valle de Peguera, rodeado de agua y montañas, en uno de los rincones más espectaculares de todo el recorrido. El refugio está situado a pocos kilómetros de Espot y constituye uno de los puntos de referencia para las rutas que recorren esta zona del Parque Nacional.




Desde allí continuamos hacia nuestro verdadero objetivo, el Estany Negre de Peguera. El camino nos lleva por una sucesión de lagos de alta montaña que muestran perfectamente el origen glaciar de este paisaje. Alcanzar el Estany Negre supone adentrarse plenamente en la cabecera del valle, rodeados por un impresionante escenario de granito, agua y cumbres. Es uno de los mayores lagos del circo de Peguera y también forma parte del sistema de aprovechamiento hidroeléctrico desarrollado en esta zona.




El track se comparte únicamente como referencia del recorrido realizado y no ha sido revisado ni verificado para su uso como guía de navegación, por lo que debe contrastarse siempre con cartografía oficial y con las condiciones actuales de la ruta.
Después de recuperar fuerzas comenzamos ya el descenso, dejando atrás los grandes lagos y recuperando progresivamente el paisaje de bosque que habíamos atravesado durante la subida. En la bajada podemos entender la presencia constante del agua en todo el valle: torrentes, fuentes, zonas húmedas y el propio río Peguera nos acompañan durante buena parte de la jornada.

Pero los Pirineos todavía nos reservaban una última sorpresa. Durante todos estos días habíamos estado muy pendientes de las tormentas de montaña y, precisamente cuando estábamos llegando de nuevo a Espot, el cielo terminó descargando. La tormenta nos alcanzó prácticamente al finalizar la ruta, como una última demostración de lo rápido que pueden cambiar las condiciones meteorológicas en alta montaña.

Así terminamos nuestro viaje por los Pirineos: caminando bajo la lluvia después de haber recorrido el valle de Peguera y conocido algunos de sus rincones más espectaculares. Nos llevamos la imagen del Estany Negre, del Refugi Josep Maria Blanc, de los lagos encajados entre montañas y también de esas presas que nos recuerdan que el paisaje actual es el resultado tanto de los procesos naturales como de la intervención humana.
Han sido varios días de montaña intensa y una magnífica oportunidad para comprender que conocer estos espacios es también la mejor manera de aprender a valorarlos y protegerlos.
¡Nos vemos en la montaña!