Pirineos salvajes: del Lago de Sant Maurici al Port de Ratera

Después de la exigente ascensión al Tuc de Molières o Pico Mulleres, tocaba cambiar de escenario. Habíamos reservado la jornada siguiente para descansar y trasladarnos desde Bossòst, en el Val d’Aran, hasta Espot, nuestra nueva base para las últimas rutas de esta aventura por los Pirineos. El descanso nos vino bien, porque lo que nos esperaba al día siguiente iba a terminar siendo una de las jornadas más largas de todo el viaje: una espectacular ruta circular de unos 32 kilómetros por el Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici.

Espot es una de las principales puertas de entrada a este espacio protegido y permite acceder al sector oriental del Parque Nacional, presidido por el Estany de Sant Maurici y las inconfundibles cumbres de Els Encantats. El Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici es uno de los grandes espacios naturales de los Pirineos y el único parque nacional de Cataluña. Su paisaje, modelado durante miles de años por los glaciares, está formado por altas cumbres, profundos valles, bosques de pino negro y abeto, cascadas y más de 200 lagos de alta montaña, conocidos aquí como estanys. El agua es precisamente uno de sus grandes protagonistas y da nombre a las características aigüestortes, pequeños cursos de agua que serpentean suavemente por las zonas más llanas. Todo este mosaico de ambientes alberga una importante biodiversidad y especies características de la alta montaña pirenaica, convirtiendo cada recorrido por el parque en una magnífica oportunidad para observar cómo el agua, el hielo, la roca, la vegetación y la fauna han ido construyendo uno de los paisajes más espectaculares de los Pirineos.

Pero aquella noche la lluvia había demostrado también la enorme capacidad de transformación del agua en la montaña. Una fuerte tormenta provocó un alud de tierra y piedras en el barranco del Pui de Linya, que alcanzó el aparcamiento de Prat de Pierró, uno de los principales accesos al Parque desde Espot. El barro y las piedras afectaron al aparcamiento y a algunos vehículos, obligando a cerrarlo mientras se realizaban los trabajos de limpieza. Los senderos peatonales pudieron mantenerse abiertos, pero nosotros ya no podíamos acercarnos en coche hasta el punto desde el que normalmente comienza buena parte de las excursiones hacia Sant Maurici.

Así que no quedaba otra: había que empezar a caminar desde el propio Espot (a unos 1.320 metros de altitud). Aquello suponía sumar bastantes kilómetros a una ruta que ya de por sí iba a ser larga. Sin embargo, el contratiempo terminó regalándonos uno de los momentos más especiales del viaje. Madrugamos mucho y el día amaneció espectacular después de la tromba de agua de la jornada anterior. El cielo se había limpiado y el bosque todavía conservaba toda la humedad de la lluvia.

Los primeros kilómetros los realizamos siguiendo el GR, pasando por el Pont de Suar y después por el Pont de Pallers. Fue una de esas caminatas de primera hora de la mañana difíciles de olvidar. El frescor, el olor a tierra y vegetación mojadas, el sonido del agua bajando con fuerza por los torrentes y la luz atravesando poco a poco el bosque parecían despertar todos nuestros sentidos. La lluvia de la víspera había dejado cada hoja, cada piedra y cada rincón especialmente vivos. Durante esta subida tuvimos además la suerte de encontrarnos con varios gamos, que aparecieron entre la vegetación y completaron una entrada al Parque difícilmente mejorable.

Finalmente alcanzamos el Estany de Sant Maurici. Y ocurrió algo que probablemente no habría sucedido en condiciones normales: éramos prácticamente los primeros en llegar y no había nadie. Uno de los lugares más conocidos y fotografiados del Parque estaba completamente tranquilo, con el lago frente a nosotros y Els Encantats dominando el paisaje.

El cierre del aparcamiento había reducido mucho la llegada de visitantes a primera hora y pudimos disfrutar durante unos instantes de Sant Maurici casi en soledad. Y, por qué no decirlo, las fotografías sin gente siempre salen mejor.

Desde Sant Maurici continuamos ganando altura hacia uno de los sectores más espectaculares del Parque. Primero alcanzamos la Cascada de Ratera, especialmente impresionante después de las lluvias, y poco después el Estany de Ratera. A medida que ascendíamos, el bosque iba dejando paso a un paisaje cada vez más abierto y claramente alpino, justo esa transición hacia la verdadera alta montaña que caracteriza esta zona del valle de Espot.

Después de hacer una pequeña parada para reponer fuerzas en el refugio de Amitges, justo al lado del Estany Amitges de Ratera alcanzamos el Estany dels Barbs.

El paisaje era ya una sucesión de agua, roca y praderas de alta montaña. Cada pequeño lago aparecía encajado entre las montañas como una nueva recompensa después de tantos kilómetros de ascenso.

Finalmente llegamos al Port de Ratera, situado a 2.572 m de altitud, el punto principal de nuestra ruta y uno de los grandes pasos naturales de esta parte de los Pirineos. Después de tantos kilómetros desde Espot, alcanzar el puerto suponía uno de los momentos más esperados de la jornada. Desde allí, avanzando apenas unos metros más, pudimos contemplar a un lado algunos de los lagos de Colomers, que ya habíamos recorrido en la ruta anterior, y al otro los lagos de Saboredo, extendiéndose en un paisaje de alta montaña absolutamente espectacular.

Powered by WikilocFuente: Garmin fēnix® 5X, tactix® Charlie

El track se comparte únicamente como referencia del recorrido realizado y no ha sido revisado ni verificado para su uso como guía de navegación, por lo que debe contrastarse siempre con cartografía oficial y con las condiciones actuales de la ruta.

Desde este mismo punto, los más fuertes del grupo decidieron dejar las mochilas y ascender hasta el Pico de la Ratera (2.857 m de altitud), añadiendo un esfuerzo extra que mereció la pena por las vistas aún más amplias del entorno. Después de esta parada iniciamos el largo camino de regreso por una vertiente diferente.

La vuelta nos permitió descubrir todavía más rincones. Pasamos nuevamente junto al Estany del Port de Ratera tomando dirección hacia el Estany de les Obagues de Ratera , antes de llegar al Mirador de l’Estany. Desde este punto pudimos contemplar desde las alturas el Estany de Sant Maurici y, con unas vistas espectaculares tanto del lago como de Els Encantats, entender mucho mejor la magnitud del paisaje que habíamos recorrido durante toda la jornada.

El descenso continuó hacia el Refugi Ernest Mallafré. En este tramo pudimos fijarnos en dos de las coníferas más características del Parque: el abeto (Abies alba) y el pino negro (Pinus uncinata). A simple vista pueden parecer similares, pero sus hojas permiten diferenciarlos con facilidad.

En el abeto, como se aprecia en la primera fotografía, las acículas son planas, relativamente blandas y nacen de una en una de la rama, disponiéndose casi como los dientes de un peine. En el pino negro, visible en la segunda imagen, las acículas son más rígidas y aparecen agrupadas de dos en dos. También ocupan ambientes algo diferentes: los abetos prefieren las zonas más húmedas y sombrías y, en Aigüestortes, raramente superan los 2.000 metros, mientras que el pino negro está mejor adaptado al frío y a las condiciones de la alta montaña, formando bosques más abiertos a mayor altitud.

Poco después alcanzamos la Ermita de Sant Maurici y seguimos descendiendo por L’Avet hasta llegar al Pont de la Gorga. Todavía quedaba el último esfuerzo para cerrar el círculo y regresar caminando hasta Espot.

Fue precisamente durante el regreso cuando decidimos desviarnos ligeramente para acercarnos al aparcamiento de Prat de Pierró y ver con nuestros propios ojos lo que había ocurrido. Allí resultaba mucho más fácil comprender la fuerza de la tormenta de la noche anterior: tierra, barro y piedras habían descendido por el barranco hasta una zona que normalmente estaría ocupada por numerosos vehículos. Lo que por la mañana había sido para nosotros simplemente la explicación de por qué debíamos caminar varios kilómetros más se convertía ahora en una demostración muy visible de la enorme capacidad de los procesos naturales para modificar el paisaje en cuestión de minutos.

Después de aproximadamente 32 kilómetros, regresamos a Espot con las piernas cansadas pero con la sensación de haber vivido una jornada excepcional. El cierre del aparcamiento había complicado nuestros planes y alargado considerablemente la ruta, pero también nos había permitido atravesar el bosque a primera hora, observar fauna, llegar prácticamente solos al Estany de Sant Maurici y recorrer uno de los paisajes lacustres más impresionantes de los Pirineos.

La montaña vuelve así a recordarnos que nuestros planes siempre están condicionados por la naturaleza. Lluvia, torrentes, desprendimientos y cambios inesperados forman parte de unos ecosistemas vivos y dinámicos que debemos conocer y respetar.

Aquella jornada comenzó con un problema y terminó convirtiéndose en una de las experiencias más completas de nuestro viaje: 32 kilómetros para descubrir que, muchas veces, un cambio de planes también puede abrir la puerta a lugares y momentos que nunca habíamos imaginado.

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