Después de la espectacular primera jornada recorriendo los lagos de Colomèrs, nuestro segundo día en el Pirineo nos llevó a descubrir otro valle del Val d’Aran y un paisaje de alta montaña ligeramente diferente. Esta vez nos desplazamos hasta Arties, punto de acceso al valle de Valarties, para adentrarnos en la zona periférica de protección del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici. Por delante teníamos una ruta circular entre refugios, lagos glaciares y collados, con el Lac de Mar como uno de los grandes protagonistas del día.
Nos encontrarnos en una zona periférica de protección. No estamos dentro de los límites estrictos del Parque Nacional, pero sí en un territorio directamente relacionado con él y sometido también a medidas especiales de conservación. La Ley de Parques Nacionales define estas zonas como espacios exteriores, continuos y colindantes con el parque cuya función es proteger sus valores naturales y amortiguar los posibles impactos ecológicos o paisajísticos procedentes del exterior. En el caso de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, esta zona protegida se extiende ampliamente por el Pirineo y alcanza también el Val d’Aran, permitiendo conservar conjuntamente montañas, bosques, cursos de agua y lagos que forman parte de un mismo ecosistema.

Esta protección también se percibe en la forma de acceder a determinados lugares. Dejamos nuestro vehículo en Arties, en el aparcamiento P2, y desde allí cogimos el autobús que remonta la Ribèra de Valarties. La restricción del tráfico privado en estos valles durante los periodos de mayor afluencia ayuda a reducir la presión de los vehículos sobre un entorno especialmente sensible; de hecho, la propia documentación del Parque recoge el cierre de la circulación por Valarties y la utilización de servicios de lanzadera.

El autobús nos permitió superar cómodamente el largo tramo inicial de pista y nos dejó en la zona del Pontet de Rius, desde donde comenzamos realmente nuestra caminata. Apenas habíamos empezado y el paisaje ya anunciaba que nos esperaba una jornada muy distinta a la de Colomèrs. El sendero comenzó a ganar altura rápidamente entre un bosque de abetos y hayas, siguiendo un terreno cada vez más montañoso y acompañados por el sonido del agua que descendía desde las zonas altas.





Después de unos 2 kilómetros llegamos al Refugi dera Restanca, situado junto al Estanh dera Restanca, a unos 2.000 metros de altitud. La aparición del refugio y del lago entre las montañas constituye una de esas imágenes que hacen detenerse inevitablemente unos minutos. El agua retenida entre las paredes del valle, el refugio junto a su orilla y las grandes cumbres cerrando el horizonte forman un paisaje plenamente pirenaico.





Bordeamos el Estanh dera Restanca y comenzamos una nueva ascensión. Dejamos atrás el bosque y entramos progresivamente en un paisaje mucho más abierto y rocoso. Las pendientes se endurecen y las paredes graníticas recuerdan continuamente el origen glaciar de estos valles. Poco a poco fuimos ganando altura hasta que apareció ante nosotros uno de los lugares más impresionantes de toda la jornada: el Lac de Mar.





El nombre ya da una pista de sus dimensiones. Rodeado por grandes paredes de roca y con una pequeña isla en su interior, Era Unhòla, el Lac de Mar parece realmente un pequeño mar encerrado entre las montañas. Al fondo se levanta el poderoso Besiberri Nord, de 3.015 metros, cuya silueta piramidal domina buena parte del paisaje. Después de los numerosos lagos más pequeños que habíamos conocido el día anterior en Colomèrs, encontrarnos con una masa de agua de estas dimensiones produjo una sensación completamente distinta.


Pero el Lac de Mar no era el punto final. Lo bordeamos y continuamos ascendiendo hasta alcanzar el Coll de Lac de Mar, situado en torno a los 2.480 metros y punto más alto de nuestro recorrido. Desde allí el paisaje volvió a transformarse. A un lado quedaba el enorme circo que acabábamos de remontar y, hacia el otro, se abría ante nosotros una sucesión de nuevos lagos y montañas. Desde esta zona elevada, cuando la visibilidad lo permite, las vistas alcanzan incluso hacia el macizo de la Maladeta y el Aneto.









Comenzamos entonces el descenso hacia el Estanh dera Colhada. El recorrido avanzaba ahora por un terreno de alta montaña donde prácticamente cada cambio de rasante descubría un nuevo paisaje. Algo más adelante, alcanzamos el Lac Tòrt de Rius, otra de las grandes paradas del recorrido.

Continuamos después bordeando la zona de los estanhs de Rius, enlazando con el sendero GR 11 que nos devolvería hacia el valle.Continuamos después bordeando la zona de los estanhs de Rius, enlazando con el sendero GR 11 que nos devolvería hacia el valle.

El regreso siguió el entorno del barranco de Rius, perdiendo poco a poco toda la altura acumulada durante la jornada. A nuestro alrededor reaparecieron progresivamente los prados y después el bosque, completando esa transición tan característica de las rutas pirenaicas: desde los fondos de valle cubiertos de vegetación hasta el paisaje mineral situado por encima de los 2.000 metros. Finalmente regresamos al Pontet de Rius, donde cerrábamos el recorrido circular y volvíamos a utilizar el transporte para descender hasta Arties.

Esta segunda jornada volvió a mostrarnos por qué el entorno de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici es mucho más que un conjunto de lugares aislados. Colomèrs, la Restanca, el Lac de Mar, el Coll de Lac de Mar, el Estanh dera Colhada, el Lac Tòrt de Rius y los estanhs de Rius forman parte de un enorme paisaje modelado durante miles de años por el hielo y el agua. Al mismo tiempo, recorrer una zona periférica de protección permite comprender que conservar un Parque Nacional no consiste únicamente en proteger una línea dibujada sobre un mapa: también es necesario cuidar los valles, bosques, montañas y cursos de agua que lo rodean.
Terminamos así nuestra segunda ruta por los Pirineos, cansados pero con la sensación de haber conocido otro de los grandes paisajes del Val d’Aran. Solo habían pasado dos días y ya habíamos recorrido dos escenarios extraordinarios y muy diferentes: primero el universo de pequeños lagos de Colomèrs y ahora el impresionante paisaje de alta montaña de la Restanca y el Lac de Mar. Tocaba recuperar fuerzas, porque al día siguiente nos esperaba una nueva ruta y, con ella, otra forma diferente de descubrir este extraordinario territorio pirenaico.