Nuestra aventura por los Pirineos comienza en el Valle de Arán, uno de esos lugares en los que la montaña está presente en todo momento. Durante estos primeros días hemos establecido nuestra base en Bossòst, una localidad situada junto al río Garona y muy cerca de la frontera francesa, desde donde iremos desplazándonos para realizar las diferentes rutas que tenemos previstas. Nada más llegar, el paisaje ya anticipa lo que nos espera: pueblos de piedra, laderas cubiertas de bosques y, elevándose al fondo, las grandes montañas pirenaicas.

El Valle de Arán ocupa una posición muy particular dentro de los Pirineos. Su orientación hacia el norte hace que buena parte de sus aguas sean recogidas por el río Garona, que atraviesa el valle y continúa hacia Francia hasta desembocar en el océano Atlántico. Esta influencia atlántica explica en buena medida la humedad, las abundantes precipitaciones y el intenso color verde de sus bosques y praderas. A ello se suma una fuerte identidad cultural, visible en la arquitectura tradicional de sus pueblos, en sus iglesias románicas y en el aranés, variedad de la lengua occitana que forma parte del patrimonio de este territorio.
Antes de empezar nuestras rutas hemos revisado detenidamente el pronóstico meteorológico y hay algo que se repite prácticamente todos los días de nuestra estancia: una probabilidad bastante elevada de tormentas, sobre todo durante las tardes. En alta montaña este es un factor que no se puede ignorar. El tiempo puede cambiar rápidamente y una jornada soleada puede transformarse en poco tiempo, por lo que nuestra intención será madrugar, comenzar las rutas pronto y permanecer siempre atentos a la evolución del cielo. Parece que las tormentas van a convertirse también en protagonistas de estos días.
Y para nuestra primera jornada hemos elegido difícilmente una ruta mejor. Empezamos con una de las excursiones más bonitas del Valle de Arán: el circuito largo de los Lagos de Colomèrs. Nos encontramos dentro de un extraordinario paisaje de alta montaña modelado durante miles de años por los antiguos glaciares. El movimiento del hielo fue excavando depresiones en el terreno que, tras su retirada, quedaron ocupadas por lagos y pequeños estanques. El resultado es un paisaje espectacular en el que el agua, las rocas graníticas, los pastos y las grandes cumbres se suceden casi continuamente.



Comenzamos la ruta desde el Parking Taxi, que nos introduce dentro de este impresionante conjunto lacustre.

El primer punto que encontramos es el Estanh dera Lòssa, una primera laguna que nos muestra el paisaje que nos acompañará durante toda la jornada.



Continuamos ascendiendo hasta alcanzar el Lac Major de Colomèrs. Sus aguas se encuentran embalsadas y aparecen rodeadas por las montañas que forman el circo, creando una de esas imágenes que explican por sí solas por qué Colomèrs es uno de los lugares más conocidos del Valle de Arán. Muy cerca se encuentra el Refugi de Colomèrs, un importante punto de referencia para los numerosos montañeros que recorren esta zona.







Al pasar por las inmediaciones del Refugi de Colomèrs pudimos contemplar además una escena muy característica de los refugios de alta montaña: un helicóptero realizando labores de abastecimiento. En lugares como este, alejados de las carreteras y con un acceso únicamente a pie, el transporte de alimentos, bebidas, combustible y otros suministros resulta complicado, por lo que el helicóptero se convierte en una herramienta fundamental para mantener el refugio operativo. Fue curioso observar cómo se acercaba entre las montañas y descargaba las provisiones, recordándonos la compleja logística necesaria para que estos refugios puedan prestar servicio a los montañeros en pleno corazón del Pirineo.

A partir de aquí seguimos internándonos en el circuito largo. Llegamos primero al Estanh Mòrt. Posteriormente alcanzamos el Lac des Cabidornats, encajado en un entorno cada vez más alpino, donde la sucesión de lagos parece no terminar nunca.





En contraste con estos, durante la ruta también encontramos otros pequeños lagos que presentan distintos grados de colmatación. La colmatación es el proceso natural por el cual un lago va acumulando sedimentos —como arenas, limos y materia orgánica— que son transportados por el agua o proceden de la erosión de las laderas circundantes. Con el tiempo, esta acumulación reduce la profundidad del lago e incluso puede llegar a transformarlo en una zona pantanosa o en una pradera húmeda, marcando una fase avanzada de su evolución natural dentro del ciclo de vida de los lagos de origen glaciar.

No confundir con la eutrofización. Esta no se debe principalmente a la acumulación física de sedimentos, sino al exceso de nutrientes, especialmente nitrógeno y fósforo, que suelen proceder de actividades humanas como la agricultura o las aguas residuales. Este aporte de nutrientes provoca un crecimiento descontrolado de algas y plantas acuáticas, lo que reduce la cantidad de oxígeno en el agua y puede afectar gravemente a la fauna del lago. Mientras que la colmatación es un proceso lento y natural ligado a la evolución geológica del lago, la eutrofización es generalmente más rápida y está asociada a la contaminación y al impacto humano sobre los ecosistemas acuáticos.
Algo más adelante aparecen los Estanhets deth Port, pequeñas cubetas de origen glaciar que conservan mejor su forma, antes de llegar al Estanh Gelat, un lago de alta montaña sometido durante buena parte del año a condiciones climáticas muy duras, lo que contribuye a su carácter austero y a la persistencia del hielo en sus orillas durante largos periodos.
La ruta continúa hacia el Lac de Pòdo, ya plenamente inmersos en uno de los sectores más espectaculares del recorrido, rodeados de montañas y con nuevas masas de agua apareciendo prácticamente tras cada cambio de rasante.

























Poco después al Lac Obago, uno de los más representativos del circo, donde el paisaje se abre de nuevo y permite contemplar con amplitud el conjunto de cumbres que lo rodean. A partir de aquí iniciamos el camino de vuelta para cerrar el círculo de la ruta, en un tramo en el que el entorno comienza a cambiar de forma progresiva y aparece cada vez con más presencia la vegetación, especialmente el pino negro, tan característico de esta zona de alta montaña.


El pino negro (Pinus uncinata) es una de las especies más emblemáticas de los Pirineos. Adaptado a condiciones extremas de frío, viento y suelos pobres, es capaz de crecer a gran altitud, formando bosques densos y oscuros que contrastan con los claros de pastos y roca. Su silueta retorcida y su resistencia lo convierten en un auténtico símbolo del paisaje alpino pirenaico.
Todavía nos quedan varios lugares importantes antes de completar el circuito. Alcanzamos el Lac Redon, de forma casi circular y bien conservado, y posteriormente el Lac Long, que destaca por su alargada silueta, resultado directo de la antigua acción glaciar que modeló todo este valle.




Finalmente llegamos al Coret de Clòto, antes de continuar el recorrido que nos conduce nuevamente hacia el punto de partida. Cerramos así una magnífica ruta circular por uno de los grandes paisajes lacustres de los Pirineos.

Ha sido una primera jornada perfecta para comenzar a descubrir el Valle de Arán. Una ruta en la que no se trata solamente de caminar de un lago a otro, sino también de observar cómo la geología, el agua, el clima y la vegetación han construido durante miles de años este extraordinario paisaje de alta montaña. Lugares como Colomèrs nos recuerdan además la importancia de recorrer estos espacios con respeto, siguiendo los senderos y procurando que nuestra presencia deje la menor huella posible.
Terminamos el día con la sensación de haber empezado nuestro viaje por todo lo alto, aunque esto no ha hecho más que comenzar. Regresamos a Bossòst para descansar, revisar de nuevo la previsión meteorológica y preparar las mochilas. Mañana nos espera una nueva ruta y otro paisaje completamente diferente del Pirineo aranés. Con la amenaza de las tormentas siempre presente, habrá que volver a madrugar.