Y casi sin darnos cuenta, hemos llegado a nuestro último día de actividades en Umbralejo. Parece que fue ayer cuando llegábamos a este pequeño pueblo de la Sierra Norte de Guadalajara, cargados de maletas, ilusión y muchas ganas de descubrir qué nos esperaba durante esta semana. Y ahora, después de tantos días de trabajo, talleres, excursiones, convivencia y experiencias compartidas, nos encontramos ante una realidad que empieza a hacerse evidente: mañana toca regresar a Valladolid.
Hoy nos hemos levantado un poquito más cansados que de costumbre. Y es que llevamos una semana de lo más intensa, en la que hemos aprovechado prácticamente cada minuto. Pero también nos hemos despertado con una sensación diferente. Esa mezcla de satisfacción por todo lo vivido y de nostalgia porque sabemos que nuestra aventura está llegando a su fin.
¡Nuestros últimos tajos! ¿Quién nos lo iba a decir?
Después de levantarnos y prepararnos, hemos bajado al comedor para desayunar y coger fuerzas.
Y, como cada mañana, nos hemos dirigido al Punto de Encuentro para comenzar los tajos. Hoy, sin embargo, tenían un significado especial: eran nuestros últimos tajos en Umbralejo. Durante estos días hemos participado en las diferentes tareas necesarias para el mantenimiento y funcionamiento del pueblo: mantenimiento, ganadería, servicios a la comunidad y huertos y jardines. Hemos aprendido que detrás de cada espacio cuidado, de cada instalación en funcionamiento y de cada rincón de este precioso lugar hay mucho trabajo, esfuerzo y dedicación.




























También hemos descubierto que algunas tareas que al principio podían parecernos poco atractivas terminan teniendo mucho más sentido cuando comprendemos su utilidad. Y lo más curioso de todo es que, después de una semana, hasta hemos terminado cogiéndoles cariño.
Quizá dentro de unos días, cuando estemos nuevamente en nuestras aulas, recordemos con una sonrisa aquellas mañanas en las que nos tocaba limpiar, cuidar animales, trabajar en los jardines o colaborar en el mantenimiento del pueblo. Porque aquí hemos aprendido algo importante: todos los trabajos son necesarios y todos podemos contribuir al bienestar de una comunidad.
Evaluamos nuestra experiencia: felicitar, criticar y proponer
Después de finalizar los tajos, hemos disfrutado de un pequeño piscolabis para recuperar fuerzas. Y a continuación nos esperaba una actividad diferente de las que hemos realizado durante toda la semana: la evaluación del programa.

Había llegado el momento de detenernos, mirar hacia atrás y reflexionar sobre nuestra experiencia. Durante estos días hemos sido protagonistas de numerosas actividades y hemos podido conocer de primera mano cómo funciona el Programa de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados. Ahora tocaba compartir nuestras impresiones.
La evaluación ha sido una oportunidad para expresar nuestras opiniones sobre el desarrollo de la estancia. ¿Qué nos ha gustado? ¿Qué aspectos podrían mejorarse? ¿Qué propuestas podemos aportar para futuras ediciones? Porque evaluar no consiste únicamente en decir si algo nos ha parecido bien o mal. También significa reconocer el trabajo realizado, identificar oportunidades de mejora y aportar ideas constructivas. Hemos tenido ocasión de valorar las actividades, la organización, la convivencia y los diferentes aspectos que forman parte de esta experiencia educativa.


Y, sobre todo, hemos podido reflexionar sobre la importancia de un programa que permite a estudiantes de diferentes lugares de España conocer el patrimonio rural, participar en su conservación y aprender a convivir en un entorno muy diferente del habitual. Desde nuestro colegio consideramos que experiencias como esta tienen un enorme valor educativo.
Nos permiten salir del aula, aprender mediante la práctica, asumir responsabilidades y descubrir realidades que difícilmente podríamos conocer de la misma manera a través de los libros. Por eso, además de reconocer todo lo positivo, también es importante plantear propuestas de mejora. Porque queremos que este programa siga existiendo durante muchos años y que otros alumnos puedan disfrutar de una experiencia como la nuestra. Y la mejor manera de contribuir a ello es evaluarlo con sinceridad, respeto y espíritu constructivo.
Nuestro Proyecto de Centro: ¡ha llegado el gran día de las bombas de semillas!
Después de comer, hemos dedicado nuestra última sesión del Proyecto de Centro a culminar una de las iniciativas medioambientales que hemos desarrollado durante esta semana. Por fin ha llegado el momento de diseminar nuestras famosas bombas de semillas. El martes estuvimos elaborándolas con sustrato, tierra arcillosa que habíamos traído desde Valladolid y diferentes semillas.
Fue una actividad de lo más entretenida, en la que disfrutamos mezclando los materiales, amasando la tierra y dando forma a nuestras pequeñas bolas. Bueno, pequeñas, pequeñas…¡Algunas nos quedaron más parecidas a albóndigas que a bombas de semillas! Pero, después de dejarlas secar y compactarse, hoy estaban preparadas para cumplir su misión.
¡Sembrando posibilidades de futuro!
Nos hemos acercado a los alrededores de Umbralejo para distribuir las bombas de semillas por el terreno. Durante la preparación de nuestro proyecto habíamos trabajado con semillas de distintas especies vegetales, como el fresno, el rosal silvestre, el espino albar y el acebo, y hoy hemos continuado con la dispersión de semillas de diferentes plantas del entorno.
La finalidad de esta técnica es favorecer la distribución de semillas y ofrecerles unas condiciones iniciales que puedan facilitar su germinación cuando encuentren la humedad y las temperaturas adecuadas. Por supuesto, no todas germinarán y el éxito dependerá de las características de cada especie y de las condiciones del terreno.
Pero lo importante es el sentido de la actividad: participar activamente en una iniciativa de conservación y recuperación de la vegetación. A lo largo de la semana hemos pasado por todas las fases de nuestro proyecto: conocer el entorno, recoger semillas, preparar los materiales, elaborar las bombas y, finalmente, distribuirlas. Y hoy hemos podido comprobar la satisfacción que produce terminar un trabajo que hemos ido construyendo poco a poco.


























Un pedacito de Valladolid que se queda en Umbralejo
La actividad de hoy también nos ha permitido recordar otro de los momentos más especiales de nuestro proyecto. Ayer plantamos las bellotas de encina que habíamos recogido en Valladolid antes de comenzar el viaje. Las colocamos cuidadosamente en el terreno, con un poco de sustrato y agua, esperando que las condiciones permitan que alguna llegue a germinar. Y hoy, al distribuir nuestras bombas de semillas, hemos completado esa pequeña contribución medioambiental que queríamos realizar durante nuestra estancia.

«Hemos traído un pedacito de Valladolid para intentar que eche raíces en Umbralejo».

Una frase que resume perfectamente el espíritu de nuestro Proyecto de Centro. Porque no queríamos limitarnos a visitar este pueblo y disfrutar de sus actividades. También queríamos aportar algo, por pequeño que fuera, a su entorno natural. Y nos gusta pensar que, dentro de unos años, quizá alguna de las semillas que hemos distribuido o alguna de las bellotas que hemos plantado haya conseguido crecer. Sería precioso imaginar que, cuando nosotros ya estemos inmersos en otras etapas de nuestra vida, una pequeña encina o un pequeño acebo siga creciendo en Umbralejo como recuerdo de nuestra visita.

Porque hoy dejamos aquí algo más que recuerdos: dejamos semillas y la esperanza de que algún día germinen.
¡Se acerca la fiesta de despedida!
Después de finalizar nuestro Proyecto de Centro, ha llegado el momento de preparar una de las actividades más esperadas de la jornada. La fiesta de despedida de esta noche. Porque, después de una semana tan intensa, también nos merecemos celebrar todo lo que hemos vivido. Y como no hay fiesta sin música, hemos preparado y entregado una playlist con la que esperamos que no deje de sonar ni una canción.

Ahora solo queda comprobar si nuestros gustos musicales consiguen poner a todo el mundo de acuerdo. Aunque eso, con tantos alumnos, puede ser casi más complicado que organizar los tajos. Lo que está claro es que tenemos muchas ganas de disfrutar de nuestra última noche juntos en Umbralejo.
¿Y qué más tenemos preparado?
Pues…
¡Esta noche tenemos fiesta! ¡Hasta aquí podemos contar!
Continuará…
